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  • DURAZNOS (2019)

    Saliendo de la estación se observa una esfera deforme, gigante, entre naranja y amarilla o entre roja y naranja. Es un Durazno. Al Durazno se accede por la puerta principal, donde tras un par de trámites, el Sr. Álvarez recibe a sus invitados con gran satisfacción. Les cuenta la historia del Durazno (nació en 1842, fue remodelado en 1899, y fue escenario cultural entre 1904 y 1930), los invita con un fino almuerzo, y luego los introduce en el Laberinto.

    Les cuenta que el Laberinto tiene tres pisos: que el primero y el último tienen doscientas cincuenta hectáreas y que el del medio tiene trescientas, les muestra que las paredes son curvas, de cemento y que en los entrepisos hay bibliotecas, bar y café.

    Los invitados podrán salir del Laberinto cuando encuentren la puerta y consigan la llave maestra: el carozo.

    El Sr. Álvarez les dice que el desafío durará como mínimo cinco días y como máximo un mes: ni más ni menos. Los que consigan salir tendrán un futuro prometedor, puesto que los ganadores del Laberinto gozaban de gran popularidad en el pueblo.


    Juan Claudio logró salir del Laberinto luego de 23 días y fue honrado con la medalla de mármol de la Corte Negra.

    El muchacho, alegre de haber conseguido tal logro, festejaba con sus amigos a orillas del arroyo Tché. Eran ya las diez de la noche, y luego de unas cervezas, se le ocurrió regalarle el carozo a su mejor amiga Julia.

    -¡Qué porquería!

    Julia, disgustada, tiró el carozo al arroyo.

    -Boluda, ¿qué hacés? ¡Te lo había regalado! ¿Sabés lo que me costó conseguirlo?

    -Bueno ta, perdona bo… Pasa que… estaba todo pegajoso y chupeteado.

    -Pa… Bueno, da igual. Total, ya estoy afuera del Laberinto.

    A unos metros llega Vicente, con otra cerveza y un táper con helado. Se sienta a su costado, y Juan Claudio y Julia le explican lo que acaba de pasar.

    -¿Así que te regaló el carozo y vos lo tiraste al arroyo? No se preocupen. Miren.

    Vicente se mete la mano en la boca y luego en la garganta, hasta llegar al estómago. Lo localiza entre la mugre y la comida, lo toca; tenía varios, pero él encuentra uno y lo saca. Al pasar, se da cuenta que el páncreas tenía atrasada la hora diez minutos. Efectivamente: eran las 9:05 de la noche y el páncreas marcaba las 8:55. No se contuvo y manoseó también el hígado: tenía que controlar la reserva de carbón y las turbinas a vapor. Al salir, aprovechó para extender tres milímetros y medio el ancho de su esófago.

    Ya con el durazno afuera, procede a pelarlo, a comerlo, a sacarle el carozo, a dárselo a Julia y a despedirse de Juan Claudio, no sin antes felicitarlo por haber logrado salir del Laberinto. Parte hacia su casa, apaga el perro, enciende el elefante, se pone los guantes y el casco, alumbra el arroz, y se dispone a extraer el aceite…

  • Hello world!

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