ODA A LA MUERTE (2022)

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Ojalá no existiese el sol. Ojalá los días nublados, grises, que atormentan hasta al más pobre, sean los que predominen. Ojalá fuera la luna, con sus ocho fases, la que domine el día, y que la noche sea sola una mera extensión de tiempo para dormir. Ojalá no existiera la tarde, ni la vida. Ojalá las hojas secas, esas que caen en otoño, fueran las verdaderas habitantes del mundo. Ojalá las pelusas de los plátanos que caen en primavera fueran las verdaderas habitantes del mundo. Y que convivan hojas y pelusas, día y noche, a pura luna, sin vida, sin almas. Ojalá no existiesen las carreteras, ni los edificios, ni los autos o las vías de tren. Ojalá no existiese la televisión, la radio, el arte. Ojalá no existiese ninguna manifestación humana. Ojalá no existiese yo. Ojalá que algún día, esa nube negra que cubre mi ciudad ahora mismo, se aparezca en mis ojos, pase sin permiso, y le de fin a mi larga agonía.

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