Autor: admin

  • SEA QUIEN SEA (2023)

    Sea quien sea el que juzgue en este mundo a los seres humanos,
    nunca podrá perdonar mi egoísmo.

    Sean los santos, Dios, o la Justicia Civil,
    sea mi padre, mi madre, mis tíos o mis abuelos,
    o aunque sean mis amigos.

    ¿Por qué fui tan tonto, de perderme por el sendero de la desesperación?
    Para que quizás… quizás yo no esté.
    Y no me podrán perdonar.

    Porque me extrañarán
    Porque me llorarán
    Porque cada 28 de mayo prenderán una velita por mí
    Porque en cada ritual yo no estaré

    ¿Por qué, yo, tan ingrato, les pido caiga sobre ellos semejante castigo?
    ¿Quién inventó el perdón por sobre el perdón, para perdonarme?
    ¿Quién fui yo, y por qué así me arrepiento?
    ¿Quién juzga, quien castiga y quien perdona?

    Y mi llanto es largo como un antiguo pergamino
    Al sentir el daño que le hice a mis coterráneos
    ¿Tiene perdón tal agravio?
    ¿Tiene acaso castigo?

    Lo que me queda claro, después de este largo llanto,
    es que quienes somos, somos por los demás, y no por nosotros mismos.

  • ESE ÁNGEL COLORADO (2023)

    ¿A qué vino ese ángel colorado?

    ¿Cómo, cuándo y por qué llegó, para mostrarme el sendero del bien, el éxtasis de la felicidad y del sufrimiento?

    Es rojo como un tomate, lleva una túnica celeste de la más alta costura, pantalones de jean y zapatillas Converse.

    No tiene ni un halo, ni cuernos: es semi-humano, y como tal me ha mostrado el camino mundano que he de seguir.

  • ERAN TRES SERES (2022)

    Eran tres seres que deseaban estar juntos. Selva, montaña y pradera los dividían, pero la unión era su destino. Mientras las corrientes rocosas aullaban, las cabras gritaban y las víboras escalaban árboles, esos tres seres escaparon de su lugar natal a un lugar divino, elevado, donde serían para siempre uno solo.

  • ODA A LA MUERTE (2022)

    Ojalá no existiese el sol. Ojalá los días nublados, grises, que atormentan hasta al más pobre, sean los que predominen. Ojalá fuera la luna, con sus ocho fases, la que domine el día, y que la noche sea sola una mera extensión de tiempo para dormir. Ojalá no existiera la tarde, ni la vida. Ojalá las hojas secas, esas que caen en otoño, fueran las verdaderas habitantes del mundo. Ojalá las pelusas de los plátanos que caen en primavera fueran las verdaderas habitantes del mundo. Y que convivan hojas y pelusas, día y noche, a pura luna, sin vida, sin almas. Ojalá no existiesen las carreteras, ni los edificios, ni los autos o las vías de tren. Ojalá no existiese la televisión, la radio, el arte. Ojalá no existiese ninguna manifestación humana. Ojalá no existiese yo. Ojalá que algún día, esa nube negra que cubre mi ciudad ahora mismo, se aparezca en mis ojos, pase sin permiso, y le de fin a mi larga agonía.

  • KYRIAKI (2022)

    Pequeña materia con colorante verde, triste destino tendrás en mi garganta…

    Llegarás a mi sangre, y luego a mi mente. Me dominarás. Me atraparás en tu mundo plano y sin diversión, me contendrán las líneas rectas; no habrá espacio para ondulaciones. Me tendrán cautivos la rectitud y la lentitud, no podré lograr el placer ni la agonía.

    No podré soñar con un mundo hecho de sal y escaleras, en donde la primera gobierna y la segunda trabaja. No podré pensar en una mujer bella, lista para gozar junto a mí. No podré interpretar la película que ví ayer, el cuento que leí hoy, la novela que leeré mañana.

    Me tendrás cautivo bajo tu espesor basado en excipientes, y tu fórmula me dará todo lo que no necesito para vivir.

  • OJALÁ ROGELIO FUERA UN DESTORNILLADOR (2022)

    Es inútil. No sirve para absolutamente nada. No sabe hacer café, lavar la ropa, secar los platos. Ni hablemos de casarse y formar una familia.

    Pero ojalá fuera un destornillador. ¡Sería tan práctico! Un destornillador es como él, se queda quieto en su lugar de reposo por meses, haciendo nada, hasta que alguien lo llama. Pero en el caso del destornillador, después de que llega a ti, ¡funciona!

    ¡Es increíble! La cantidad de cosas que podría hacer Rogelio si fuera un destornillador.

    Desarmar un ventilador para poder limpiarlo, por ejemplo; arreglar una estufa, armar el hardware de una computadora; y muchas cosas más que ahora no se me ocurren porque no suelo usar destornilladores.

    Eso sí, seguiría sin poder cambiar una bombita eléctrica. Pero, ¿qué se le va a hacer? Lo preferiría así antes que en su forma de ser humano, sucio, mocoso y mugriento.

  • TEATRO ESCATOLÓGICO (2022)

    Se sienta en el water. La loza está fría, pero eso no le molesta. Hace quince días que está evitando enfrentarlo. Cierra la ventana para que el público no lo oiga, y se acomoda nuevamente intentando calibrar la función.

    Su pantalón le impide estirar las piernas, su pelo es largo y su madre lo desconcentra con su música de hacer gimnasia.

    Su desnudo artístico comienza con zapatos y medias y sigue con calzoncillo y pantalón. De manera desorganizada pero eficaz, estimula su intestino para evitar la catástrofe. Estaba a punto, pero hubo un retroceso. Tiene calor.

    Es invierno, pero prende el ventilador y se agarra con las manos de los bordes del water. Todo su cuerpo colabora para expulsarlo.

    Su desnudo artístico finaliza con la remera y el buzo de abrigo. En esta parte del número, también se ata el pelo. Es el momento.

    Los gritos se escuchan en todo el edificio. Se escuchan suspiros, retortijones, golpes y dolor.

    Tanto el público como él está esperando el momento en que logre expulsarlo.

    Hace fuerza con los brazos, con las piernas, con la cara y con el ano. Duele, pero progresa.

    Del lado del público, los gritos se escuchan cada vez más fuertes. Pero en un momento, se escuchan más gritos que suspiros, más dolor que golpes. Lo estaba logrando.

    Por su parte, no hay nada más que aportar. Es hacer fuerza y esperar. Un poco más y problema solucionado.

    El público, finalmente, escucha el suspiro final: uno fuerte, largo, agudo y que se reitera por varios minutos. Lo había expulsado.

    Luego de suspirar por varios minutos, se mira las manos y se pone a pensar en las constelaciones, en asteroides, en la obra de Kant, en la Segunda Guerra Mundial o en la quinta sinfonía de Beethoven. ¿En qué iba a pensar sino?

    Mientras el público se retira, él se mira al espejo: la cara roja, los pómulos lastimados y los ojos irritados. En el papel había sangre y en los músculos, cansancio.

    Y así será la próxima función, que luego de quince días se repetirá en el mismo lugar, con una interpretación bastante similar.

  • BRUSELAS SIN TIGRES (2022)

    ¡Qué catástrofe! ¡Han desaparecido todos los tigres de Bruselas! ¿Cómo hará el obrero para ir a la fábrica? ¿Y los niños para ir a la escuela? ¿Cómo harán para entrenar los deportistas seleccionados para los campeonatos mundiales?

    Es una tragedia, sin ninguna duda. Toda Bruselas quedó paralizada durante una semana por la falta de tigres. Al tercer día no había luz eléctrica, el agua dejaba de ser potable y no había negocio u oficina del estado abiertos.

    Un periódico francés cubrió esta catástrofe de altas magnitudes, y la traducción al español es de nuestra exclusividad.

    TESTIMONIO DE UNA MADRE SOLTERA CON DOS HIJAS:

    En mi caso, el caos comenzó cuando me enteré que no habían tigres para llevar a mis hijas al colegio. Luego de preguntar a varios vecinos me enteré de lo que había pasado. Entendí que todavía estaba a tiempo de comprar provisiones para varios días, pero jamás pensé que Bruselas iba a estar una semana sin tigres. Por eso calculé y compré para tres o cuatro días, pero ya cuando no había luz estábamos desesperadas.

    ¿A dónde se habían ido esos tigres, así de golpe? Ya al tercer día, tuvimos que economizar, porque vimos que la cosa no iba bien. Empezamos a cuidar más la comida y el papel higiénico, ya que notamos que todos los negocios estaban cerrados. Por suerte teníamos velas, pero al quinto día se nos acabó el gas del encendedor.

    Los últimos días, sin embargo, no se pasaron tan mal. Hacía un clima soleado, y como la ciudad estaba paralizada, esos días parecían como unas pequeñas vacaciones. Mis niñas jugaron con la vecina de al lado, y yo charlé mucho con mis compañeras de barrio, que hacía meses que no hablábamos.

    Paradójicamente, me puse triste cuando la ciudad volvió a la normalidad, porque había que volver a la rutina, al trabajo, a llevar a las hijas al colegio, a hacer las compras y a pagar las cuentas. Fue sin dudas, una experiencia triste y rara para todos en la ciudad, pero sinceramente, me gustaría que se repitiera.

    TESTIMONIO DE UN HOMBRE DE NEGOCIOS, CASADO Y CON DOS HIJOS Y UNA HIJA:

    Los tigres son muy importantes para el manejo de los negocios aquí en Bruselas. Fijate que para transportar mercancías a todos los supermercados de la ciudad, se utilizan a casi la mitad de todos los tigres. Obviamente también se utilizan para entregar el correo o para hacer cualquier tipo de reparto.

    Resulta que yo soy propietario de una institución financiera, y el día que comenzó todo estaba esperando a que llegara a mi negocio una gran cantidad de oro. Obviamente no llegó, y como soy precavido para los negocios y pienso a largo plazo, no obtuve pérdida alguna.

    Lo que sí fue disparatado fue ver durante una semana a toda la ciudad sin tigres. Estuvimos con mi esposa y mis hijos viendo como Bruselas se sumía en un caos sin fin.

    Nosotros no tuvimos ningún inconveniente doméstico, pero me imagino que el resto de la población sí los tuvo. La comida, el agua, la electricidad… todo escaseaba. Para todo en Bruselas se necesitan tigres, sin ellos, esta ciudad se paraliza.

    TESTIMONIO DE UN OBRERO QUE NO PUDO VOLVER A SU CASA:

    Cuando me enteré lo de los tigres, ya era tarde en la fábrica. Yo estaba haciendo horas extra junto a dos compañeros y el patrón ya se había ido. Me había dejado las llaves a mí para que cerrara, ya que soy de su confianza. Pero vista la situación, decidimos acampar en la fábrica, con la esperanza de que se normalice la ciudad al día siguiente. Al tercer día, estábamos muertos de hambre.

    Fue horrible, la pasamos muy mal. Nuestras familias no sabían nada de nosotros, el patrón no volvía y la actividad en la fábrica no se reanudaba.

    Al quinto día, decidimos ir caminando hacia nuestras casas, que estaban como a veinte kilómetros. Hoy puedo decir que uno de mis compañeros casi muere en el camino. Ahora está bien, pero la falta de resistencia y el hambre lo hicieron desmayarse en un momento del trayecto. Luego se recuperó, pero sufrió mucho.

    Yo también sufrí. Fue complicado caminar desde la zona industrial hasta la zona residencial. En mi caso, tuve que caminar algo así como quince kilómetros bajo condiciones de hambre. Habíamos quedado en una situación demasiado precaria cuando salimos de ese campamento como para caminar esa cantidad de kilómetros.

    En el campamento no teníamos comida, sólo agua. Dormíamos en el piso, al lado de las máquinas. Jugábamos a las cartas para no aburrirnos. Confiábamos en que la ciudad iba a volver a la normalidad pronto, pero los tigres no volvían, y nosotros no teníamos manera de volver a nuestras casas.

    Ni siquiera nos penalizaron por ese campamento; creo que cuando volvimos a la fábrica después de una semana de caos, nadie se percató de que habíamos estado ahí todo ese tiempo.

    Fue lo que fue. Sufrimos, pero aquí estamos.

    CONCLUSIÓN DEL PERIODISTA:

    Este caos desatado en Bruselas la semana pasada no es casualidad. Tiene explicación científica, y los ministros de Bélgica ya han encargado una investigación al respecto. De momento, hay varias hipótesis que se están poniendo a prueba. Ellas son:

    • El mal funcionamiento de la red de tigres, la cual habría permitido que se escaparan por puro instinto natural
    • El descontento de los tigres con la ciudad y su posterior huída
    • La formación de una secta de algún tipo dentro de un grupo de tigres, que quizá busque rebelarse contra la humanidad

    En nuestras siguientes ediciones, seguiremos informando sobre los avances de las distintas investigaciones y sobre las consencuencias de este fenómeno que puso en vilo a la ciudad de Bruselas.

  • LA FOCA RODÓ (2020)

    Era de noche. Jacinto fue a la feria en la playa del Río. Lo cierto es que no había ni feria ni playa ni río. Había una foca: la foca Rodó. La foca estaba en el río. Aunque el río también estaba en la foca. De repente el río estaba en el cielo y el cielo estaba en el río. Y la foca estaba en el cielo, y el río en la foca, en el cielo y en la playa. Los pies de Jacinto en los zapatos y el gorro en la cabeza. O la cabeza en los zapatos y los pies en el gorro. O los zapatos en el cielo y los pies en el río. O la foca en su cabeza y el gorro en la playa. O la gente alegre en el río y la feria en la playa y la foca de noche. O Jacinto en la playa y la feria de noche y la foca en el Río.

  • EL PORTÓN (2020)

    Raúl miraba el portón desde la ventana.

    En la calle Jerónimo Herrera, al lado de una oficina estatal, se observaba una enorme construcción de cemento abandonada, con tres portones pintados de color verde opaco a nivel de calle. Idénticos, igual de tristes, complementaban la soledad y amargura de ese edificio y de ese barrio, en un día nublado y ventoso a las afueras de Pueblo Filhé.

    Raúl había llegado hace dos días a la casa de su primo Ariel desde Segismundo, ciudad que quedaba aproximadamente a dos kilómetros de allí.

    Ese día, al despertar, vió que Ariel no estaba. “Fue a comprar pan”, le dijo su tía Candela.

    Raúl, aburrido, observaba el edificio. Observaba esa gigantesca y aparatosa construcción, levantada hace quién sabe cuánto, con qué motivo… ¿Habría sido una fábrica? ¿Una cárcel? ¿Una universidad?

    Tenía una estructura particular.

    Su planta más alta no tenía ventanas: sólo una puerta de cada lado del edificio. Esas puertas, además, no tenían de inmediato un balcón, o un piso de rejilla de hierro, una escalera, o al menos algún tipo de sistema para subir y bajar por ejemplo, mercadería. La puerta salía abrupta y directamente hacia la nada, como si estuviera allí para experimentar una caída de cuatro pisos y un gran golpe contra la empedrada, mojada por la lluvia del día anterior.

    Los siguientes dos pisos tenían una serie de ventanas y aires acondicionados consecutivos, y por dentro parecía haber escritorios, sillas y elementos varios. Esos dos pisos -pensaba Raúl-, pudieron haber sido oficinas o salones de clase.

    Sin embargo, lo más inquietante de ese edificio, era el primer piso. Intriga y desconcierto, al ver por fuera un piso entero sin ventanas, sin puertas, sin un solo agujero, sin nada: sólido y cerrado, como queriendo que algo no salga, pero que tampoco nada entre, ni luz, ni viento; ni calor, ni frío; ni ruido ni silencio. Desentonaba con el resto de los pisos y se mostraba firme y sólido, pero a su vez, transmitía tristeza, oscuridad, soledad…

    Finalmente, en la planta baja, estaba la entrada principal tapeada. Y doblando la esquina, sus tres portones verdes, oscuros y tristes.

    Para Raúl, era un enigma qué función cumplían esos tres portones en ese intrigante y macabro edificio, así como qué función cumplía la puerta del cuarto piso, y a qué se debía la existencia de un piso uniformemente gris y cerrado.

    Pero a Raúl le preocupaban particularmente los tres portones. Y más específicamente, el del medio.

    En una distracción, le pareció ver a alguien cerrándolo. ¿Qué habría allí? ¿Se abrirá el portón con frecuencia y circulará gente en ese edificio?

    “Eso está abandonado hace años, nunca entra ni sale nadie y no se escucha nada venir de ahí”, le contaba Candela.

    En otra distracción, a Raúl le pareció ver de vuelta el portón cerrándose. Parecía haber personas entrando en ese momento.

    “Tu primo Ariel se está demorando demasiado. Andá a buscarlo, Raúl. El almacén está acá cerca. Agarrá por Faustino M. Rodríguez y caminá dos cuadras, antes de llegar a Illa”, dijo preocupada Candela.

    Raúl salió hacia el almacén. Estaba doblando la esquina mientras intentaba recordar las instrucciones de su tía, cuando miró hacia atrás y vió el portón abierto.

    Ariel había salido al almacén hace casi veinticinco minutos, y tanto Candela como él estaban preocupados. Pero no pudo con la curiosidad y volvió atrás sobre sus pasos.

    Lo tenía adelante. Estaba abierto de par en par. En frente suyo, una inmensa oscuridad. No se sentían olores ni se oían sonidos. No se percibían cosas en la habitación. A decir verdad, no quedaba claro si allí había realmente una habitación. Parecía ser la nada misma: soledad y vacío.

    Raúl entró, y sin sentir el piso, trató de observar, de percibir algo, alguien. De tocar algo, de oír, de oler: deambulaba por el vacío, sin sentir nada; de pronto el portón ya no estaba, y no podía volver atrás…