Sea quien sea el que juzgue en este mundo a los seres humanos,
nunca podrá perdonar mi egoísmo.
Sean los santos, Dios, o la Justicia Civil,
sea mi padre, mi madre, mis tíos o mis abuelos,
o aunque sean mis amigos.
¿Por qué fui tan tonto, de perderme por el sendero de la desesperación?
Para que quizás… quizás yo no esté.
Y no me podrán perdonar.
Porque me extrañarán
Porque me llorarán
Porque cada 28 de mayo prenderán una velita por mí
Porque en cada ritual yo no estaré
¿Por qué, yo, tan ingrato, les pido caiga sobre ellos semejante castigo?
¿Quién inventó el perdón por sobre el perdón, para perdonarme?
¿Quién fui yo, y por qué así me arrepiento?
¿Quién juzga, quien castiga y quien perdona?
Y mi llanto es largo como un antiguo pergamino
Al sentir el daño que le hice a mis coterráneos
¿Tiene perdón tal agravio?
¿Tiene acaso castigo?
Lo que me queda claro, después de este largo llanto,
es que quienes somos, somos por los demás, y no por nosotros mismos.
Deja una respuesta